Bill & Patt

 

Bill & Patt. East Village, Nueva York
c. 1975
Gelatina de plata
Firma atribuida a Gregory Corso (ángulo inferior derecho)


 
 
 
 

A mediados de los años setenta comenzaron a actuar en las calles del sur de Manhattan Bill & Patt, un singular dúo formado por un cantante afroamericano de alrededor de cincuenta años y una adolescente rubia de apenas trece. Se presentaban simplemente como “Bill & Patt”. No consta apellido alguno.

Bill, de voz grave y áspera, afirmaba haber nacido en algún punto impreciso del delta del Mississippi. Su repertorio partía del blues rural y los spirituals, aunque raramente interpretaba una canción de forma literal: modificaba versos, desplazaba sujetos y mezclaba pasajes bíblicos con letras tradicionales del sur profundo.

Patt, de apariencia frágil y casi angelical, cantaba con una voz limpia, de timbre claro, cuya sensualidad resultaba, por momentos, perturbadora. Su intervención alteraba el sentido de las canciones, especialmente en aquellas donde se superponían referencias religiosas y dobles lecturas sexuales. En escena, la alternancia entre la voz cavernosa de Bill y la entonación casi infantil de Patt producía una tensión difícil de clasificar.

 
 

Actuaban en estaciones de metro, en Bowery y en pequeños clubes de Alphabet City, en el Nueva York fiscalmente colapsado de la década. Vivían en pensiones de baja categoría y cambiaban con frecuencia de alojamiento. No dejaron registro discográfico oficial conocido.

Existen referencias a una grabación realizada en 1975 en un pequeño club del East Village, probablemente en Avenue A. La cinta habría sido registrada con una grabadora portátil por un estudiante vinculado al entorno del St. Mark’s Poetry Project. Durante décadas no volvió a mencionarse.

La existencia del dúo reapareció en un fanzine neoyorquino fechado en 1979, donde se reproducía una frase atribuida a Gregory Corso —poeta central de la generación beat y habitual del circuito de lecturas del East Village—: “un viejo negro y una niña blanca que cantan el Evangelio como si fuera pornografía”.

 
 

A finales de los años ochenta, un pequeño volumen fotográfico autoeditado y atribuido al propio Corso incluyó tres instantáneas tomadas en el sur de Manhattan hacia 1976. Esas imágenes, junto a una fotografía de una actuación en un club del East Village —también atribuida a Corso— constituyen las únicas cuatro fotografías conocidas de Bill & Patt.

Un coleccionista de música popular estadounidense conservó el fanzine original y una copia digitalizada de la grabación, ambos procedentes de la escena neoyorquina de los setenta. Son, hasta la fecha, los únicos documentos que permiten sostener la existencia del dúo.

Algunos testigos los describían como padre e hija; otros negaban cualquier vínculo familiar. Ninguno de los dos ofreció explicación alguna.

A finales de la década desaparecieron de la escena sin dejar rastro.

 
 
 

Patt cruzando Avenue B. Bill al fondo
Lower East Side, Nueva York
c. 1975
Reproducción de página interior
Publicación independiente atribuida a G. Corso


From this juice (A flower will grow)

Año: ca. 1975
Lugar: East Village, Nueva York
Formato conocido: Grabación en directo (cinta portátil, mono)
Duración estimada: 3’09’’
Autoría: Tradicional / Adaptación Bill & Patt

Bill & Patt en directo
Bar sin identificar, sur de Manhattan
c. 1975–76
Fotografía anónima. Atribución no confirmada

 
 

De este jugo (nacerá una flor)

Fue en el cruce de Magdala y Magadán
Donde expulsó siete demonios sobre ella.
Poco se le perdona al que poco ama.
Simón, ¿quién mandó la mayor corona a Don Don Teflón?

Ahora puedes exprimir mi limón
hasta que el jugo corra por mi pierna.
Quieres exprimir mi limón,
exprímelo cada noche.

Me puse detrás de él, llorando junto a sus pies,
y comencé a mojárselos con mis lágrimas
y a secárselos con mi cabello.
También le besaba los pies tiernamente,
y derramé el aceite perfumado sobre ellos.

Ahora puedes exprimir mi limón
hasta que el jugo corra por mi pierna.
Quieres exprimir mi limón,
exprímelo cada noche.

¿Quién es este hombre que hasta perdona pecados?
¿Con quién podría comparar a la gente de mi generación?
¿A quiénes se parecen?
Son como los niños tomando cerveza en el estacionamiento y se gritan unos a otros:
"Rompemos la aguja en el deck y no se inmutan,
traemos el duelo en vinilo y ustedes no lloran”.

Quieres exprimir mi limón.
Ahora puedes exprimir mi limón.
Te lo prometo: de este jugo crecerá una flor.

Patt & Bill
Alrededor de los años 70

From this juice (A flower will grow)

Down at the crossroads of Magdala and Magadan,
he laid seven demons on her skin.
He who loves little gets little mercy.
Simon, tell me — who sent the biggest wreath
to Don Don Teflon?

Now you can squeeze my lemon,
let the juice run down my leg.
You wanna squeeze my lemon
squeeze it every night.

I stood behind him, crying at his feet,
washed them down with my tears,
dried them with my hair.
I kissed those feet so tender,
poured the oil slow and sweet.

Now you can squeeze my lemon,
let the juice run down my leg.
You wanna squeeze my lemon
squeeze it every night.

Who’s this man forgiving every sin?
Who do you compare my generation to?
What are they like?
They’re kids drinking beer in a parking lot,
shouting at each other
“We break the needle on the turntable,
you don’t even cry.
We bring the mourning on vinyl,
you don’t shed a tear.”

You wanna squeeze my lemon.
Now you can squeeze my lemon.
I promise you — from this juice
a flower gonna grow.

 
 

ANÁLISIS

Ningúna flor nació

‘From this juice (A flower will grow)’ reúne las características habituales de las canciones de Patt & Bill: una singular combinación de estrofas procedentes del blues del Mississippi y citas de las Sagradas Escrituras, sometidas a leves —pero fundamentales— modificaciones que las articulan y les otorgan consistencia.

La primera frase de la canción es toda una declaración de intenciones: una mixtura entre el blues del delta y la Biblia. El cruce al que se alude remite, inevitablemente, al mítico crossroads en el que Robert Johnson habría vendido su alma al diablo a cambio de un don inigualable para la guitarra. Sin embargo, si aquel encuentro se sitúa en la intersección de las rutas 61 y 49, aquí se habla de Magdala y Magadán. El desplazamiento es radical: del imaginario sureño estadounidense al territorio bíblico.

Magdala fue una ciudad a orillas del mar de Galilea y lugar de procedencia de María Magdalena, una de las figuras más controvertidas del entorno de Jesucristo. Magadán, por su parte, se ubica en el extremo oriental de Rusia, frente al mar de Ojotsk. Si los cruces de caminos forman parte del mito fundacional del blues, este parece situarse en ninguna parte. Es, más bien, una metáfora de las encrucijadas que la vida impone.

La letra continúa por el sendero bíblico, aunque introduciendo el giro sexual que atraviesa toda la canción: “donde expulsó siete demonios sobre ella”. En los Evangelios, Cristo expulsa siete demonios de María Magdalena, no sobre ella. El siete no es inocente: en la tradición cristiana remite a los pecados capitales, aunque aquí queda desplazado hacia el cuerpo.

Del mismo modo, “poco se le perdona al que poco ama” retoma —con mínima variación— el pasaje en que Jesús defiende a la mujer pecadora frente a sus discípulos.

La primera estrofa se cierra con una frase de naturaleza similar a la apertura. En el contexto de la canción, no cabe duda de que el Simón aludido es el discípulo a quien Jesús reprende tras perdonar los pecados de María después del “food massage” más célebre de la historia. En el pasaje evangélico, Cristo plantea el ejemplo de un prestamista que perdona a dos deudores insolventes: “Uno debía cincuenta días de sueldo y el otro quinientos (…) ¿Cuál de ellos lo amará más?”.

La analogía es evidente: quien envía la corona más grande a un entierro es quien mayor amor manifiesta —o mayor amor aparenta— hacia el difunto. Y el difunto, aquí, no es otro que Don Don Teflón, alias que remite al Nueva York violento y mediático de los setenta: John Gotti, figura paradigmática de una ciudad sostenida, en buena medida, por la usura y la intimidación.

Así llegamos al estribillo, que es, literalmente, Robert Johnson. Aunque abundan en la tradición popular las alusiones —de transparente doble sentido— a “exprimir el limón” (siendo quizá la de Led Zeppelin la más conocida), el verso “now you can squeeze my lemon ’til the juice run down my leg” procede palabra por palabra de Travelling Riverside Blues.

De literal en literal, la estrofa siguiente regresa al terreno sagrado: María Magdalena lava los pies de Cristo. El cambio, sin embargo, no es menor: de tercera a primera persona. Ese desplazamiento intensifica el carácter casi obsceno de la canción. La estrofa era interpretada por la pequeña Patt —apenas trece años— inmediatamente antes y después del estribillo pornográfico que entonaba un Bill maduro, de voz más cavernosa que la cuenca de Atchafalaya que, probablemente, lo vio nacer.

A partir de ahí, y salvo el estribillo final, la canción, aunque anclada en lo bíblico, deriva hacia la crítica del entorno. ¿Habla de Jesús y Magdalena? ¿De Patt & Bill? ¿De cualquier pareja situada fuera de la moral dominante? ¿Quién juzga a quién? Apenas adolescentes litroneros que esperan, caprichosamente, que otros bailen al son de su flauta.

La canción regresa finalmente al estribillo y lo cierra con una promesa. ¿Redención? ¿Provocación? ¿Amor prohibido transformado en nueva vida?

Jaime Serra
Enero de 2025


 
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